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LA MASCOTA
Se puede amar a una iguana
con la misma intensidad
que a un gato, a un perro
a las flores del campo
o a la estrella que miramos
desde el balcón.
Se puede educar a la iguana
como se educa a un caballo
o a una rata.
Se puede establecer un vínculo
un diálogo, un entendimiento
con la iguana
como con las plantas, con un vecino
con los pájaros.
Se puede incluso, dormir con la iguana
y abrazarnos con ella
como con la almohada
con los sueños, con un amante.
Se puede también descubrir un día
que la iguana nunca existió
como no existe la equidad
ni el equilibrio de los hombres.
Se puede a veces, sin proponérselo uno
matar a la iguana
de la misma manera y en el mismo sitio
donde matamos al deseo.
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